Clem, Directora de Morada
“Hice de Morada el estudio que yo hubiera necesitado cuando empecé a practicar yoga”.
Llegué al yoga rechazando mi cuerpo. Pensaba que tenía que cambiarlo y que el yoga podía ayudarme a conseguirlo. Me quedé por el desafío, por esa sensación de que todavía tenía algo que demostrarme a mí misma.
Durante mucho tiempo sentí que no encajaba. Miraba las esterillas de alrededor y pensaba que para pertenecer a ese mundo tenía que parecerme a las personas que practicaban conmigo. Quería hacer las posturas bien, llegar más lejos, ser más flexible, y sin darme cuenta seguía intentando convertir mi cuerpo en algo que correspondiera a determinados estándares.
Pero fue la filosofía del yoga la que hizo que me quedara de verdad. Descubrir que el yoga hablaba de algo mucho más grande que conseguir una postura cambió poco a poco mi manera de entender la práctica. La idea de moksha, la liberación, empezó a resonar conmigo: quizá la práctica no consistía en convertirme en otra persona, sino en liberarme de algunas de las ideas que me decían quién tenía que ser.
Y ahí empecé a entender que no tenía que parecerme a nadie para hacer yoga. Que podía escuchar mi cuerpo en lugar de intentar corregirlo, observar en lugar de juzgar y practicar sin tener que demostrar nada.
El yoga transformó mi relación con mi cuerpo y el feminismo me ayudó a entender de dónde venía gran parte de ese rechazo. Me dio herramientas para cuestionar las ideas que había aprendido sobre cómo debía verme, ocupar espacio y habitar mi cuerpo. Para mí, ambas cosas acabaron encontrándose también en una cuestión de ética y coherencia: si el yoga habla de liberación, de conciencia y de una forma más amable de relacionarnos con nosotrxs y con el mundo, ¿cómo podía practicarlo reproduciendo las mismas exigencias y exclusiones de las que intentaba liberarme?
Morada nace también de esa pregunta.
Cuando en 2023 la fundadora me cedió el proyecto, decidí transformarlo en el estudio que yo hubiese necesitado cuando empecé: un lugar donde la práctica pudiera ser coherente con aquello que el yoga me había enseñado.
Hoy, Morada también es…
Morada sigue creciendo y transformándose con las personas que se van sumando al proyecto. Hoy compartimos este espacio con quienes nos acompañan en la práctica y hacen que Morada siga siendo una comunidad viva.
DANIELLA
Facilitadora de yoga · parte de Morada desde 2024
Soy colombiana y llegué hace muchos años a Europa para estudiar arte y diseño. En ese camino me crucé con el yoga y, desde entonces, se ha convertido en una de las bases de mi vida y de mi profesión.
Al ver todo lo que el yoga hacía por mí y por mi bienestar, quise empezar a enseñarlo. Es una herramienta que despertó mi espiritualidad, me ayudó a conectar con mi cuerpo y a calmar mi mente, y eso es lo que quiero transmitir en mis clases.
En mi práctica hay espacio para lo energético y lo espiritual, a través del movimiento, los chakras y las enseñanzas que nos ofrece la esterilla, dentro y fuera de ella. Soy una mezcla entre yoguini y bruja, y me inspiro también en las fases lunares, los cuatro elementos, el Tarot y otras herramientas espirituales.
Que la práctica sea tu propio ritual y que hagamos magia juntas en la esterilla.
VIRGINIA
Facilitadora de meditación · parte de Morada desde 2025
La premisa de intentar experimentar lo que ponen los libros me ha llevado a viajar y a aprender con maestrxs, tanto occidentales como orientales. Me he formado en diferentes técnicas de autoconocimiento y sanación a través del cuerpo y la mente, incluyendo estudios de neurociencia, yoga y meditación.
Actualmente busco compartir una práctica más minimalista que invite a explorarnos desde una mirada compasiva y amable.
Morada la hacemos quienes estamos aquí.
Quienes facilitamos.
Quienes practicamos.
Quienes vienen por primera vez.
Quienes vuelven.
Quienes preguntan, comparten, descansan y ocupan espacio.
Morada no es solo un estudio.
Es todo lo que construimos juntxs.